¿Te imaginas cómo sería residir en un contenedor que ha surcado mares de todo el mundo cargado de mercancías? Esto que parece el argumento de una película de fantasía es lo que ha llevado a cabo un estudio de arquitectura de Vigo, convirtiendo un antiguo contenedor destinado a la chatarra en una vivienda de 30 metros cuadrados.

"Hemos tratado de integrar la sostenibilidad en el diseño”, explica el arquitecto Severo Fernández, que junto a Basilio Rodríguez, de Estudio Base, son los responsables de la obra. La vivienda, construida por encargo de un cliente, está ubicada en la comarca de O Val Miñor, al sur de Pontevedra, y recupera una iniciativa residencial muy explotada en países con larga tradición marítima como Holanda y Reino Unido. En España, el antecedente a este proyecto se encuentra también en Galicia, cuando en 2006 la Xunta apoyó la construcción de un complejo de oficinas de 1.600 metros cuadrados. Sin embargo, ésta es la primera ocasión que los contenedores se reutilizan con fines residenciales en España.
La vivienda-contenedor de Vigo, que es un prototipo, consta de un dormitorio, un baño, una cocina, un salón-comedor y un porche exterior con cubierta desmontable, aunque “podría distribuirse de otra forma de acuerdo a las necesidades de cada cliente”, añade el arquitecto. Además, cuenta con la ventaja de su movilidad, lo que permite instalar este inmueble en cualquier lugar: “tiene infinitas posibilidades, ya que podría utilizarse como casita de piscina, chiringuito de playa, bungalow de camping, albergue, casa anexa para los invitados en una finca…”, comenta Severo Fernández. Sus opciones son tan diversas como los gustos de los clientes, de quienes también depende la elección de destinar estas viviendas a primera o segunda residencia.
Retos de habitabilidad
La condición de contenedores de transporte marítimo de estas estructuras planteó a los arquitectos varios retos a la hora de reconvertirlos en viviendas. Así, la principal dificultad fue resolver cómo conseguir los requerimientos acústicos y térmicos habituales de cualquier hogar. Un inconveniente que los arquitectos resolvieron sometiendo la chapa metálica a un proceso de limpieza y tratamiento antioxidante y cubriéndola después con varias capas de aislante tanto en el interior como en el exterior.
Solventado este obstáculo, ahora los responsables están valorando la posibilidad de convertir el contenedor en autosuficiente, de manera que genere la energía necesaria para el abastecimiento de sus habitantes.
Tampoco está decidido si Estudio Acero comercializará este proyecto, ni que carácter le dará. En el tiempo que lleva en uso la vivienda de O Val Miñor, los arquitectos han recibido decenas de consultas preguntando si pretenden destinar sus obras a ofrecer construcciones económicas frente al problema de la vivienda o enfocarlas a otros usos. Por el momento, ni Severo Fernández ni Basilio Rodríguez tienen respuesta a esta pregunta, como tampoco desvelan el valor del inmueble. “El precio variaría en cada construcción en función de los materiales utilizados y las peticiones específicas de cada cliente, aunque hay que tener en cuenta que el proyecto es por encima de todo una pieza de diseño”.
Estas estructuras cuentan con el apoyo de algunos colectivos, como el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. La decana de este organismo, Paloma Sobrini, las considera "una opción muy interesante, ya que ayudan a la sostenibilidad del planeta utilizando materiales que de otra manera tendrían un valor efímero".
Los detractores
Las viviendas contenedor han suscitado tantas preguntas interesadas en conocer más detalles del proyecto como críticas. Entre los detractores, se encuentra la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Vigo Aproin. “Esto se puede considerar un experimento, pero nada más. Un contenedor está hecho para cargar mercancía no para que viva gente en él”, matiza el gerente de esta agrupación, Miguel Font. En su opinión, estas estructuras que, “muy raramente cumplirían la normativa de habitabilidad”, no pueden ser consideradas viviendas, ya que “es como si alguien que viviera en un coche entendiera el automóvil como su casa. Se puede dormir allí, pero de ahí a que un vehículo sea una casa es algo muy diferente”.
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